Japón mujer asiática

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Has leído y aceptado nuestra Política de privacidad. Y eso que la igualdad de género y el acceso de la mujer a los puestos de trabajo es actualmente un tema de vital importancia para el futuro de Japón, especialmente si tenemos en cuenta el impacto directo que este aspecto tiene sobre la economía, en un país que sufre de falta de trabajadores debido a la caída en los índices de natalidad y al envejecimiento de la población.

La organización social de los roles se vio especialmente reforzada por el concepto de la empresa como familia que surgió en la segunda mitad del siglo XX. Si bien antes de la Segunda Guerra Mundial, en un momento extremadamente nacionalista y militarizado, Japón utilizó el concepto de familia tradicional para unir la sociedad y fomentar el patriotismo, convirtiendo el Estado en una gran familia, después de la Segunda Guerra Mundial este tipo de estructura familiar se trasladó en el mundo empresarial.

Así, al comparar la empresa con una gran familia, se conseguía que todos los empleados cooperaran en su continuidad, como lo harían con su familia. Los trabajadores consiguieron viviendas corporativas y hasta escuelas específicas para sus hijos, mientras la empresa obtenía dedicación exclusiva: Discriminación laboral La falta de flexibilidad es sólo uno de las ramas del problema.

No es raro, pues, que si una mujer con estudios y experiencia ve como un colega suyo menos preparado recibe una promoción antes que ella decida darse por vencida, dejar el trabajo y dedicarse a su familia.

Esto no quiere decir que estas mujeres con talento, educación, habilidades y experiencia quieran abandonar sus carreras profesionales. Algo que sorprende, y tal como detalla el informe del Foro Económico Mundial, es que Japón no dispone de una legislación específica que prohíba la discriminación por género.

Es por eso que la gran mayoría de mujeres trabajadoras, aunque tengan una carrera universitaria y puedan acceder a puestos de trabajo específicos, acaban trabajando de OL. La mujer que persigue una carrera profesional, no sólo tiene que luchar contra la discriminación laboral, sino también contra una estructura corporativa machista y de largas jornadas y las expectativas de lo que la sociedad espera de ella como mujer, y por ello retrasa el matrimonio y la maternidad.

Las mujeres japonesas tienen ganas, ahora solo hace falta que los empresarios, los colegas y la sociedad en general acepte y lidere el camino. Unos resultados que sorprendieron a los propios analistas del Instituto y que demuestran que definitivamente algo no casa con los supuestos intentos del primer ministro Abe de aumentar la participación de la mujer en el mundo laboral japonés como parte de su paquete de medidas y estrategia de crecimiento para reactivar la economía del país.

Aunque en Japón las mujeres tienen derecho por ley a la igualdad y a ser protegidas contra la discriminación, lo cierto es que el acoso sexual y un salario desigual son comunes.

Akibayashi dice que la brecha salarial entre los sexos es muy alta y que muchas mujeres cualificadas ocupan puestos de media jornada después de casarse o tener hijos. Dicho de otra manera, el Akibayashi cita como un ejemplo de la desigualdad el hecho de que, al momento de casarse, el 90 por ciento de las parejas escoge el apellido del hombre como nombre familiar y en el Parlamento japonés hay una fuerte resistencia a permitir el doble apellido.

Numerosos casos de violencia sexual no se denuncian. Un informe de de Freedom House afirma: Japón no tiene una fuerte cultura de organización en torno a los derechos de las mujeres. Ellas provenían principalmente de China, Corea, las Filipinas y del propio Japón, y algunas han demandado al gobierno japonés a fin de que éste reconozca el tormento que vivieron y las indemnice por el mismo.

Sin embargo, los tribunales japoneses alegan que el asunto fue resuelto en tratados posteriores a la guerra. La sociedad japonesa — como cualquier otra — no es equitativa.

Los tres millones de burakumines del Japón, que son descendientes de parias de la era feudal, y la minoría indígena ainu sufren una arraigada discriminación social que les impide tener acceso igualitario a vivienda y oportunidades laborales.

Las mujeres japonesas son sujetas de los derechos humanos descritos en la Constitución del país y en los numerosos tratados de los cuales el Estado es parte. El movimiento de mujeres en Japón, aun siendo relativamente pequeño, se beneficiaría de una mayor interacción con los movimientos mundiales de mujeres que han incidido en cambios positivos en tantos países del planeta.

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Todas tienen lo suyo! Digan lo que digan, el dinero a los chinos les interesa mucho. Los extranjeros pueden resultarles curiosos pero es raro que elijan uno para casarse. Por no decir que muchas de las losas que pesan sobre las japonesas de hoy son consecuencia de ese libreto represivo y hostil. Es miembro del Grupo de los Ocho G8Japón mujer asiática, que aglutina a los Estados con mayores progresos industriales y económicos del mundo. Tuvo que aguantar a hombres que les daban nalgadas a las mujeres. Chen Huang Lee dijo hace 1 año. CHICAS PROSTITUTAS PORNO POV

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Periodista especializada en Asia y autora de China, la venganza del Dragón Barcelona: Península, y El despertar de Asia Península, Aquella mañana, Shizuko tenía 18 años y se encontraba a 1,5 kilómetros del epicentro de una explosión que la lanzó a 10 metros de distancia y que, aunque no le arrancó la vida, dejó bien marcadas sus feroces huellas. Se había sometido a multitud de operaciones para mejorar su movilidad y su aspecto. Sus deformaciones seguían siendo impresionantes, pero lo auténticamente aterrador fue su testimonio.

La hostilidad no desapareció con el nacimiento de los hijos. La ley del silencio se impuso en los hibakusha desde el mismo día en que cayó la bomba. Shizuko no se atrevió a hablar de Hiroshima hasta años después de que su marido muriera en , pero su descarnada historia personal sólo se escapó de sus entrañas aquella calurosa tarde de primeros de agosto de Su confesión de horas fue como romper la pinza de cristal que la estrangulaba.

Sin su historia es difícil entender la relevancia de los pasos dados por las mujeres para salir de la marginación en la sociedad y en sus propias familias. Yoshiko trabajó como secretaria hasta que recibió la herencia de su padre y se fue a Europa a estudiar. Fueron cinco años que marcaron su vida y le sirvieron para conocer cómo se desenvolvían las europeas.

De Europa, saltó a Australia y desde allí, dos años después, regresó a Japón. Fue en esa década de los setenta, en pleno boom económico, cuando las japonesas comenzaron a tener un protagonismo real en el desarrollo del país. No sólo porque se produjo una entrada masiva de mujeres en el mercado laboral —aunque en su mayoría a tiempo parcial— sino también porque el mercado les reconoció una importante capacidad de consumo: La crisis provocó la reestructuración de la plantilla de las empresas.

El trauma fue terrible. Forzadas o no por los acontecimientos, las japonesas dieron un paso al frente. Nothomb, que terminó relegada a limpiar los servicios de la empresa, cuenta que la japonesa nace cargada de obligaciones y bajo el dogma de que nada bueno puede esperar de la vida. A partir de ahí, todo son preceptos absurdos que moldean su mente desde la cuna y pesan como una losa para que el hombre, la empresa y la sociedad en general se paseen sobre ella.

No es de extrañar que muchas jóvenes, aprovechando las grietas forjadas en la sociedad por el sentimiento de crisis que se adueñó de Japón, rompieran buena parte de sus ataduras. Conocí a Etsuko Ohira en Tokio, en , cuando tenía 28 años y trabajaba como intérprete a tiempo parcial. Lo importante es vivir el momento.

Si piensas en el futuro corres el riesgo de sumirte en las reglas de juego tradicionales de Japón, que consisten en entrar en una gran corporación y pasar allí el resto de tus días o renunciar al trabajo cuando tienes hijos.

No me interesa ni lo uno ni lo otro. En el confucianismo, la educación de la mujer tenía como meta suprema convertirla en buena esposa, que sirviera de instrumento de transmisión de la tradición familiar a sus descendientes y que satisficiera las ambiciones del propio progenitor que la había entregado al mejor postor. Las pautas de esa educación se establecieron en un breve código de conducta, el Onna-daigaku Manual de la mujer. Este texto, publicado en y dirigido a las jóvenes casaderas y a las esposas, dominó y marcó la vida de las mujeres, oficialmente hasta la restauración Meiji, en , y en realidad hasta bien entrado el siglo XX.

Por no decir que muchas de las losas que pesan sobre las japonesas de hoy son consecuencia de ese libreto represivo y hostil. El código Onna-daigaku establece para la mujer tres caminos de obediencia ciega: Es decir, obediencia perpetua hasta la muerte. Confucianismo y budismo, una creencia muy extendida en esos siglos, se aliaron contra las japonesas. El Onna-daigaku, que todas las muchachas casaderas se aprendían de memoria, decía entre otras cosas: Con semejantes enseñanzas se instaló en las japonesas un profundo complejo de inferioridad.

Sus maneras elegantes y su preparación tenían como objetivo deleitar al padre y posteriormente al esposo, al suegro y al cuñado mayor. No hay que olvidar que la primera novela japonesa Genji monogatari Leyenda de Genji la escribió una mujer, Murasaki Shibuki, a principios del siglo XI.

La socióloga Sumiko Yazawa, profesora de la Universidad Cristiana de Mujeres de Tokio, justificaba así el sometimiento de la mujer: La mujer, víctima de esa educación, era a su vez transmisora a su descendencia de los valores represivos y, con frecuencia, al convertirse en suegra, pasaba de víctima a verdugo. Todo esto ha motivado la tardía aparición y el escaso arraigo en Japón de los movimientos feministas y liberalizadores de la mujer así como de la reivindicación de la igualdad de derechos.

La Constitución promulgada tras la restauración Meiji no garantizaba la igualdad de sexos. El Código Civil seguía considerando a las esposas casi incapaces de gestionar una propiedad, una herencia o la patria potestad sobre los hijos, aunque las reformas de les otorgaron cierta capacidad jurídica.

La historiadora y funcionaria del ayuntamiento de Tokio Masae Wada argumenta sobre uno de los grandes males que aquejan a las japonesas: Aunque las leyes las protegen, son muy pocas las que se atreven a recurrir a ellas. Aunque parezca duro, el hecho de que las japonesas ya hablen entre ellas al respecto y se atrevan a comentarlo con sus padres o sus maridos es un importante avance, porque rompe el muro de silencio y la sensación de aislamiento y soledad que las aplasta.

La directora del Instituto para la Vida y el Bienestar, Mariko Kuno Fujiwara, instaba a las mujeres a hablar para impulsar la defensa de sus derechos, aunque reconocía las dificultades. Entre ellas se encuentra, Keiko Kawasoe, que a sus 35 años y cansada de trabajar con hombres, creó por entonces una editorial en la que trabajan sólo mujeres y en la que publica con éxito libros de cuentos y guías.

Embed from Getty Images. Al contemplar la tribu de veinteañeras que se pasea por el céntrico barrio tokiota de Shibuya, con sus excéntricas vestimentas y coloreados cabellos, se vislumbra la profunda transformación que experimenta la sociedad. Muchas van enfundadas en el uniforme de la empresa y llevan la tarjeta de identificación colgada de un cordón.

No se oyen risas, ni voces, avanzan al unísono, casi en fila. Da la impresión de que todas tratan de confundirse en el interior del grupo.

En Shibuya, sin embargo, lo que impera es llamar la atención. Unas relaciones sexuales libres y una sexualidad abierta son algunos de los grandes problemas que enfrentan a la juventud japonesa con sus progenitores. Japón es una potencia industrial y económica cuya gente conforma casi el dos por ciento de la población mundial.

Es miembro del Grupo de los Ocho G8 , que aglutina a los Estados con mayores progresos industriales y económicos del mundo. Japón tiene un récord admirable en cuanto a la inscripción y retención de niñas en la escuela.

Sin embargo, ya fuera de ésta, las japonesas pueden obtener empleos, pero raras veces ascienden a puestos de mayor nivel en sus profesiones. Un artículo del Christian Science Monitor da una mirada a la realidad que muchas mujeres japonesas enfrentan:. Tuvo que aguantar a hombres que les daban nalgadas a las mujeres. Finalmente, después de cinco años, le dijo a su jefe que quería tomar el puesto de dos vendedores que se fueron.

Y luego mi jefe me preguntó: Como profesora y activista por los derechos de las mujeres, Kozue Akibayashi dice: La Constitución del Japón prohíbe la discriminación por motivos de culto, raza, sexo o condición social. Tal como ocurre en muchas otras partes del mundo, legalmente las mujeres sí tienen derechos, pero éstos suelen verse afectados por interpretaciones que en la actualidad se hacen de la antigua cultura japonesa.

Aunque en Japón las mujeres tienen derecho por ley a la igualdad y a ser protegidas contra la discriminación, lo cierto es que el acoso sexual y un salario desigual son comunes. Akibayashi dice que la brecha salarial entre los sexos es muy alta y que muchas mujeres cualificadas ocupan puestos de media jornada después de casarse o tener hijos.

Dicho de otra manera, el

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